Gretings From Sister Marlita/ Saludos de Sister Marlita

March 26, 2020

We are several weeks now into the uncertainty of the pandemic of the coronavirus. Sincerely, I hope that each of you are remaining connected by phone and email with your families and friends, especially those of you who might be more confined and isolated. We are aware that each person is unique; some have a better social connection than others, but each of you is a precious one of God’s and we are concerned about you and your well-being.

 

We are making an effort to be in touch with those of you who may need a bit more assistance than others. Please know that a parish member from St. Thomas the Apostle may be reaching out to you by phone, just to see if you are in need of any essentials, or if the parish can help you in any other way. This might also be extended to neighbors or friends you know, who are not members. If you are not in need, wonderful; we are happy about that. But we do want to be helpful and want you to know that each of you is important to us.

 

Our Gospel message this week is the wonderful story of Jesus and his friend, Lazarus. Lazarus is the brother of Mary and Martha, and he becomes ill and dies. And Jesus wept. Jesus takes the occasion to remind the family that “I AM THE RESURRECTION AND THE LIFE.” And to prove those words, he raises Lazarus from the dead. The anxieties and fears that may now have hold of us will come to an end. Let us renew our faith in the goodness and care of our loving God. Let us pray together in that faith.

 

Sister Marlita Henseler

 

 

Durante la temporada de Cuaresma nos vemos atraídos por el sufrimiento y la muerte venideros de Jesús, y hacia Su resurrección, que es la centralidad de la venida de Jesús a esta tierra, convirtiéndose en hombre y compartiendo su divinidad, como Hijo de Dios. Todas las lecturas de hoy se centran en la resurrección.

 

El profeta Ezequiel espera un momento futuro en el que Dios enviará su espíritu sobre todos los que han muerto, y él abrirá sus tumbas y hará que se levanten de ellas. Pablo nos recuerda que el mismo Espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos, también resucitará nuestros cuerpos mortales en la resurrección final. Y finalmente, Jesús muestra su poder sobre la muerte al levantar a su amigo, Lázaro, de la muerte, presagiando su propia resurrección.

 

En el Credo, cada domingo proclamamos: "Confieso un bautismo para el perdón de los pecados y espero con ansias la resurrección de los muertos y la vida del mundo venidero". Estamos aceptando la vida eterna que Dios nos ofrece. ¿Decimos esas palabras creyendo esa verdad? Al igual que en el Evangelio cuando Marta con una idea de fe proclama: "Sí, Señor, creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios", antes de que Jesús resucitó a su hermano, nosotros también estamos invitados a profesar nuestra creencia y Confía en él. Jesús quiere que vayamos más allá de simplemente conocer un compromiso personal y una relación con él. Debemos ser "personas de resurrección". ¿Permitimos que nuestra creencia en la vida eterna nos consuele cuando un ser querido ha muerto? Si no, podemos necesitar pedirle a Dios que fortalezca un poco nuestra fe.

 

Hermana Marlita Henseler

 

 

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