Greetings from Sister Marlita /Saludos de Sister Marlita

Recently I read a reflection from “The Word Among Us” magazine that reminded me and ALL of us that because of our Baptism we share in being the prophetic office of Jesus. The new catechism writes: “Lay people…fulfill their mission by evangelization…the proclamation of Christ by word and the testimony of life.” And “this is accomplished in the ordinary circumstances of the world.”


What does that mean? We have the task of helping direct people to Jesus in our ordinary, everyday life. Yes, you and I are called to be prophets. A PROPHET is someone who witnesses to God’s work in our lives. So when we pray for someone who needs help or healing and they recover more quickly than expected, we can say, “It was the Lord.” When we are able to forgive and reconcile with someone who had been hostile to us, we can say, “God helped me do it.” When we come out of a depressed state and can see the light again, we can say, “God’s blessing helped me.”


We can also point to God through our actions. We can treat others kindly and with tenderness, even if we don’t say anything at all. We can show respect to all others, regardless of culture or race, and it speaks volumes.


Let’s take up our prophetic calling; we CAN make a difference in people’s lives. The song we sing says: “GO, MAKE A DIFFERENCE!”


Sister Marlita Henseler


Recientemente leí una reflexión de la revista "The Word Among Us" que me recordó a TODOS y a nosotros que debido a nuestro Bau"smo compar"mos ser el oficio profé"co de Jesús. El nuevo catecismo escribe: "Los laicos ... cumplen su misión mediante la evangelización ... el anuncio de Cristo con la palabra y el tes"monio de vida". Y "Esto se logra en las circunstancias ordinarias del mundo". ¿Qué significa eso?


Tenemos la tarea de ayudar a dirigir a las personas a Jesús en nuestra vida co"diana. Sí, tú y yo estamos llamados a ser profetas. Un PROFETA es alguien que da tes"monio de la obra de Dios en nuestras vidas. Entonces, cuando oramos por alguien que necesita ayuda o curación y se recuperan más rápido de lo esperado, podemos decir: "Fue el Señor". Cuando podemos perdonar y reconciliarnos con alguien que nos ha sido hos"l, podemos decir: "Dios me ayudó a hacerlo". Cuando salimos de un estado deprimido y podemos ver la luz nuevamente, podemos decir: "La bendición de Dios me ayudó".


También podemos señalar a Dios a través de nuestras acciones. Podemos tratar a los demás con amabilidad y ternura, incluso si no decimos nada. Podemos mostrar respeto por todos los demás, independientemente de la cultura o la raza, y dice mucho.


Tomemos nuestro llamado profé"co; PODEMOS hacer una diferencia en la vida de las personas. La canción que cantamos dice: "¡VAYAN, HAGAN LA DIFERENCIA!"


Hermana Marlita Henseler

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