Greetings from Sister Marlita /Saludos de Sister Marlita

Today we encounter in our Gospel a parable about two sons that appears only in Mathew’s version and not in any other. The primary feature of this text is clear. God requires productive and obedient living from his people. Claims and concerns for appearance are not enough. There should be no difference between believing and doing.


How did people ever get the idea that obedience to the will of God is optional? Many parables, and especially this one, push for integrity of life before God. Talk and external appearance are cheap; what counts is actually doing the will of the Father from the heart. Any separation of believing and doing is a distortion of the gospel message. A person cannot believe apart from obedience. Are we truly obedient? It is not just for children to obey.


Jesus also addresses the Jewish leaders about their opinion. He reminds them that they have already had opportunities to relent and believe, although they had not taken advantage of them. They had been like the second son in the parable, when they should have been like the first. They had professed to be true followers of God and thus workers in His vineyard, but they were all talk and no action! They said they would obey God, but then they did not.

What about us? Which of the two sons are we most like? Let’s examine our lives honestly and resolve to make changes where we need to.


Sister Marlita Henseler


Hoy encontramos en nuestro Evangelio una parábola sobre dos hijos que aparece solo en la versión de Mateo y no en ninguna otra. El rasgo principal de este texto es claro. Dios requiere una vida produc"va y obediente de su pueblo. Las afirmaciones y preocupaciones por la apariencia no son suficientes. No debería haber diferencia entre creer y hacer.


¿Cómo llegó la gente a pensar que la obediencia a la voluntad de Dios es opcional? Muchas parábolas, y especialmente esta, impulsan la integridad de la vida ante Dios. La conversación y la apariencia externa son baratas; lo que realmente cuenta es hacer la voluntad del Padre de corazón. Cualquier separación entre creer y hacer es una distorsión del mensaje del evangelio. Una persona no puede creer sin la obediencia. ¿Somos verdaderamente obedientes? No es solo que los niños obedezcan.


Jesús también se dirige a los líderes judíos sobre su opinión. Les recuerda que ya han tenido oportunidades de ceder y creer, aunque no las han aprovechado. Habían sido como el segundo hijo de la parábola, cuando deberían haber sido como el primero. Habían profesado ser verdaderos seguidores de Dios y, por lo tanto, obreros en su viña, ¡pero todos eran palabras y ninguna acción! Dijeron que obedecerían a Dios, pero luego no lo hicieron.


¿Qué pasa con nosotros? ¿A cuál de los dos hijos nos parecemos más? Examinemos nuestras vidas con hones"dad y decidamos hacer cambios donde sea necesario.


Hermana Marlita Henseler

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